sábado, 13 de septiembre de 2025

Hermanos en Andalucía ¿CÓMO SE GESTÓ EL VIAJE?


                                            

¿CÓMO SE GESTÓ EL VIAJE? 



Pensándolo ahora, con algo de distancia, no tengo claro cómo llegamos a emprender este viaje. Fue un conjunto de circunstancias a la vez. Pero ¿qué fue primero, dónde estuvo la chispa que encendió la mecha de este proyecto de hermandad?

Mi hermana Beli llevaba tiempo comentándonos que quería ir a ver los pueblos blancos de Andalucía. Decía que había estado en alguno y que le había encantado, que quería hacer un recorrido por los que le faltaba por ver. Últimamente, tras su separación matrimonial, insistía en ello con más frecuencia en todas las reuniones en que nos encontrábamos con ella. En esas conversaciones de sobremesa familiar comenzamos a tantear la posibilidad de que las tres mosqueteras (así nos autodenominamos mis dos hermanas y yo) y Javi (mi marido) pudiéramos emprender ese deseado viaje.

Pues bien, empecé a mirar mis banderitas. ¿Banderitas, he dicho? Hace mucho tiempo que, digamos, juego con el Google Maps. Si un amigo o un familiar va a algún sitio y me dice que ese lugar le ha encantado, o si comentan algún paraje bonito en un video, yo les pongo en el mapa una banderita de esas que te ofrece la aplicación, la de color verde que reza: «Quiero ir».

Ahí se quedan las banderitas puestas durante meses, años, o quizá eternamente. Pero si surge que hagamos un viaje a cualquier lugar lo primero que hago es mirar qué banderitas verdes tengo colocadas en el mapa alrededor o cerca de la zona que quiero visitar. Y, sí, tenía muchas banderitas en la zona geográfica del centro occidental de Andalucía.

La idea de visitar los pueblos blancos y otros lugares que teníamos marcados empezó así a tomar forma, pero la puse en la cola, pues Javi y yo teníamos pendiente dos viajes antes de verano. Además, Maruchi también tenía otros dos viajes con sus amigas, uno en España y otro en no sé qué país de Europa. Yo sostenía que octubre sería un buen mes, pues ya no haría demasiada calor, ni tampoco habrían llegado los fríos del invierno. Dos viajes en primavera, luego relax en mi casita de la montaña durante el verano, y en el otoño nuestro gran viaje. Pero…

Todo pareció precipitarse cuando mi hermana mayor me dijo: «¿Y para qué esperar tanto? Beli tiene muchas ganas de ir, y yo entre un viaje y otro tengo unos días libres». Javi y yo miramos nuestro calendario y, casualmente, también coincidíamos en que esos días los teníamos libres. A Beli no hizo falta preguntarle, pues, como estaba retomando su vida en solitario, era como si hubiera hecho un reset: lo tenía todo libre.

Empezamos a profundizar en qué lugares queríamos visitar. Fue muy fácil ponernos de acuerdo, tanto como elegir el día de salida.

A todo esto, Manolo (el mayor de los hermanos) me llamó una noche para decirme que si cabía en el coche se venía con nosotros. Él ya había comentado con Hortensia, su esposa, el anhelo de conocer esos rincones de su Andalucía natal. En un acto de generosidad, que siempre le estaré agradecida, le dijo que, ya que ella no podía ir debido a sus problemas de salud, se viniera él con nosotros mientras ella se iba esos días a casa de su hija.

Entonces surgió un pequeño problema: aunque cinco personas sí que cabíamos en mi coche —apretados, pero se podía—, cinco maletas era impensable. La solución vino tan pronto como llegó el problema: iríamos en el Volvo de Maruchi.

Justo me puse a buscar hotel cuando Javi me confesó que él no se veía capaz de hacer tres viajes en tan corto periodo de tiempo. Además, tenía pendientes varias citas médicas, y cabía la posibilidad de que le llamaran justo cuando estuviéramos de viaje. Por otro lado, todavía no estaba recuperado de una afección en el pie que le aquejaba desde hacía meses, con lo que no podría andar mucho. «Mejor id los hermano solos, así podréis ir hablando de vuestras cosas y vuestros recuerdos», me dijo. En definitiva, él tampoco venía.

Otra cuestión que tenía que quedar clara: ¿quién iba a conducir durante los casi 1100 kilómetros hasta Jerez de la Frontera? Beli no tiene permiso de conducir. Maruchi, la propietaria del vehículo, conduce si no hay más remedio, pero le cansa y le estresa. Sin embargo, por fortuna, a Manolo y a mí nos chifla conducir. Así que dividimos el trayecto en cuatro etapas: cada uno conduciría dos parando mínimo tres veces, que al final fueron cuatro o cinco. No perdamos de vista que viajábamos cuatro abuelos; el que no es prostático, toma diuréticos por la HTA, así que entiéndase el porqué de tanta parada.

Hermanos en Andalucía-INTRODUCCIÓN

 

Introducción

Éramos cinco hermanos, ya quedamos cuatro. Nuestras edades van de los casi setenta a los ochenta. Todos somos oriundos del sur de la península, concretamente de la ciudad de Málaga.

Hace más de sesenta años que emigramos (nos llevaron) al noreste de España, a Terrassa, donde la industria textil florecía a pasos agigantados. Todos nosotros hemos vuelto varias veces a nuestra tierra natal; unos más y otros menos. Pero siempre se nos ha quedado clavada esa espina de querer conocer mejor aquel territorio alejado que tuvimos que abandonar. He de decir sin rubor alguno que una servidora, la que escribe, no tiene ningún recuerdo ni vivencia de mi temprana infancia. Pero ellos sí, ellos añoran la niñez de aquellos tiempos y en aquella región.

Este es el primer viaje que hacemos solos y juntos los cuatro que quedamos. Esperemos que haya salud y dinero, y podamos hacer algunos más a otros destinos geográficos.

domingo, 26 de marzo de 2023

SOROLLA

 



En 1865, Joaquín Sorolla Bastida y su hermana Concha, valencianos, quedan huérfanos de padre y madre por la epidemia de cólera que había en aquella época. El pintor tan solo tenía dos años de edad y su hermana no llegaba al año.

     Fueron acogidos por su tía materna y el marido de esta que no tenían hijos. El tío, cerrajero, le enseñó el oficio pero pronto observó que a su sobrino Joaquín lo que le gustaba era la pintura. Lo llevó a la Escuela de Artesanos de Valencia, donde Sorolla inició un prolífico camino en el mundo de la pintura. 



Poco después comenzaría a trabajar para el fotógrafo Antonio García, que lo acogió en su casa, el cual tenía una hija, Clotilde, de la que se enamoró perdidamente y fue su único y gran amor, musa y madre de sus tres hijos. Dos de ellos, también fueron artistas (María y Helena). El otro hijo, Joaquín, se convertiría después de la muerte de su padre en el primer director del Museo Sorolla de Madrid. 


Sorolla, si buen comenzó con retratos, fue un artista que se amoldó a cualquier tema, cambiando su técnica y estilo con el tiempo. Para conseguir la fama se presentó en multitud de concursos y exposiciones. En 1906 expuso en París con obras relacionadas con la época social del momento, consiguiendo vender muchos cuadros, y con ello fama y dinero. 
     En 1919 volvió de Estados Unidos después de vender la serie “Visión de España”. A partir de entonces se dedicó a pintar más lo que a él realmente le gustaba: el mar, la playa y su luz, tema que le había encandilado cuando de pequeño el primo de su padre le invitaba a pasar el día en su casa de la playa. 


Sorolla tiene unos 2200 cuadros, que están muy repartidos en todo el mundo, muchos de ellos en propiedad privada. Pero también en varios museos. El de Madrid no es de los que más obras tiene, pero la curiosidad de este museo es que está ubicado en la misma casa que se hizo construir cuando llegó de América. Era la casa de sus sueños, con preciosos patios donde le gustaba pintar. 


Cuando tenía 57 años sufrió un ictus mientras pintaba el retrato de una amiga de la familia (obra inacabada) en uno de los patios de su casa. Su hija se lo llevó con ella para cuidarlo. Y fue allí, en Cercedilla, donde murió tres años después. 

 

lunes, 23 de enero de 2023

Daga de amor






                           Daga de amor

 

 

La mano callosa de él se posaba en la suave piel de ella. Luego, con su musculoso brazo, rodeó su cintura acercando a la mujer contra su pecho. A ella le salía el amor del alma como si fuera una enorme daga que atravesaba el cuerpo de ambos. 

     El hombre estrechaba a la mujer más y más hasta sacarle el último suspiro de sus pulmones. 

 

 

No hablaban, no era necesaria la palabra. Con el aliento y el latido de los corazones se lo decían todo. Así dormían, fundidos los dos cuerpos en uno solo, llenos de amor de uno mismo y del otro. Estaban juntos, nada malo podía suceder.

 

 

sábado, 21 de enero de 2023

                         



                    Quietud y silencio

 

 

Silencio absoluto. Hasta los pájaros parecen dormir. Tan solo se siente, muy débilmente, el crepitar de la madera quemándose en el fuego. 

Quietud total. Ni las copas más altas de los árboles se balancean al viento. El único movimiento es el de una débil llama que rodea el tronco y se eleva, perezosa, en la chimenea. 


jueves, 8 de diciembre de 2022

NAVIDAD

                                              

 


                                                           NAVIDAD

 

Se acerca el solsticio de invierno. Un anciano pide limosna, comida o abrigo  en la entrada de un supermercado. Todos se lo miran con lástima. Algunos agachan la cabeza o giran la cara, no quieren sufrir. Solo unos pocos se paran, buscan en sus carteras y dejan unas monedas. 

     Una señora pasa a su lado. Siente lastima, se quita el gorro y se lo da. Al día siguiente el anciano no vuelve; se va a otro centro comercial. 

 

 

Un muchacho joven sale con el desayuno que se acaba de comprar, se percata del mendigo que está junto a la puerta y le da los guantes que estaba a punto de colocar en sus manos. El anciano no vuelve más a ese lugar

 


El tercer día el hombre pobre aparece junto a la puerta de otra tienda. Sigue pidiendo caridad. Lleva puesto el gorro que le dio la señora y los guantes del joven. La mayoría de las personas le ignoran. Pero una niña que va con su madre, se queda parada ante él, se quita su bufanda y la pone al rededor del cuello del anciano. Cuando la mamá y la hija salen con la compra, el anciano ya no está. 

 


Así día tras día. Llega la víspera de Navidad, todo el mundo se encierra en sus casas para celebrar el día en que más amor se derrocha. Nadie quiere estar solo. Todos se resguardan en la calor del hogar preparando suculentos platos. Pero un anciano vaga solo por las calles mirando el firmamento, buscando algo que solo él sabe. 


Hay quien pone calcetines en la chimenea, hay quien deja los zapatos al lado de la puerta. Otros se esmeran en adornar sus árboles de navidad mientras algunos dan los últimos retoques al portal de Belén. Y todos, absolutamente todos se van a dormir con la certeza que San Nicolás pasará por sus casas.  


La mañana de Navidad una señora recibirá aquello que tanto deseaba y justo al lado aparecerá su gorro. También, un muchacho verá realizado su sueño junto a los guantes que en cierta ocasión regaló a un anciano. Una niña, cuando se levante verá la muñeca que tanto había pedido tapada con una bufanda, aquella que le dio a un anciano famélico en la entrada del supermercado. Así sucederá con varias personas más, que se desprendieron de sus pertenencias para ayudar a otros. 


Y es que San Nicolás nos pone a prueba. Quiere saber quien hace las cosas realmente con el corazón. Así es la Navidad: dar 

 

domingo, 29 de mayo de 2022

CUEVA DE LOS 100 PILARES




                                                  CUEVA DE LOS 100 PILARES

 

 Cuando Nuño llegó al valle junto a su familia pensó que aquel lugar sería ideal para construir su choza. El río estaba cerca y las montaña que veía al norte les privarían del recio frío del invierno. Pero no;  familiares les esperaban y los condujeron a lo alto de la cima. Allí apartaron el tablón que hacía las veces de puerta. Un gran caldero en el fuego, en el fondo del caño, desprendía el olor de lo que se avecinaba: un buen cocido. Luego el niño y sus hermanos se quedaron dormidos sobre la manta que les tendieron en el suelo. 



Ya habían pasado cuatro años desde que llegaron. Nuño y su familia vivían cómodamente en su hogar. Para entonces habían llegado más familias, las cuales habían excavado más cuevas. Los hombres bajaban a las tierras aledañas al río Cidacos para atender los cultivos; a veces iban a cazar. Las mujeres se quedaban cerca de la vivienda cuidando de los animales y tejiendo vestidos y calzados. 

 


Con el tiempo los pobladores decidieron bajar al valle y construir sus casas con arenisca, la misma que habían sacado de las cuevas. Así lo hizo Nuño cuando se unió a Gadea. Las cuevas quedaron abandonadas. 


Poco después unos monjes decidieron vivir allí en recogimiento y austeridad. En el monasterio rupestre de San Miguel los religiosos se dedicaban al estudio, los rezos y los cánticos. Cánticos que todas las tardes oía Nuño mientras recogía, limpiaba o remendaba los aperos de labranza. Había pocos monjes pero las oquedades excavadas en los pilares de la cueva potenciaban las voces, pareciendo que hubiera muchos más.  
     Jamás se hubiera imaginado Nuño que varias generaciones posteriores utilizarían algunas de aquellas pequeñas cavidades como columbarios. Tampoco llegó a saber que pocos siglos después de su llegada a la cueva, los monjes tuvieron que huir de allá y refugiarse en el Monasterio de Suso; los árabes habían conquistado la península ibérica. Su vivienda inicial, aquella que con esfuerzo y tiempo habían excavado, fue lugar para hierbas, brebajes y pócimas que los invasores usaban para sanar enfermedades y heridas. 


¡Ay, pobre Nuño! ¿Qué hubiera pensado si después de siglos de abandono hubiera visto cómo lugareños desposeídos llegaban a reocupar ese hogar de su infancia y primera juventud? 

 

 

Aquellas cuevas volverían a ser desocupadas a medidos de siglo XX. Se abría paso al nuevo negocio: un enorme palomar daría de comer a muchos habitantes de la zona

 

Lástima que Nuño nunca supo que su hogar es hoy día centro de visitas para amantes de la cultura, estudiosos y turistas.