lunes, 22 de julio de 2013

El Mago Paco

                      El Mago Paco



- Piiiiip, piiiiip, piiiiip 
     
    Así suena todas las mañanas el despertador de Arnau. El despertador tiene forma de coche y despierta con pitidos. Se lo regaló su amiga Sara en su sexto cumpleaños. 
    
    Arnau se despierta, esboza una sonrisa, alarga la mano y para el despertador. 

    Al pequeño no le hace falta usar despertador, porque su mamá le llama cariñosamente cada día, pero desde que Sara se lo regaló, le gusta despertarse con el pitido del coche-despertador. Así, en lo primero que piensa al despertarse es en su amiga y eso le hace comenzar el día de una manera estupenda. 

    Tampoco puede remediar recordar lo que le pasó hace unas semanas. Aquella noche, Arnau no durmió nada, pero nada bien. Toda la noche se la pasó rascándose la cabeza una y mil veces. 
   
    El nene había pensado en ir al dormitorio de su madre y decirle que el fuerte picor no le dejaba dormir, pero no quiso molestar a su mamá y decidió esperar pacientemente. Pasó la noche rascándose. 

     Al fin, Arnau, decidió hablar con el piojo molesto: 

- ¿Te quieres estar quieto? No me dejas dormir. 

    Para sorpresa del niño, el piojo habló y le contestó: 

- Los piojos somos así. Es nuestra manera de ser. Tenemos mucha hambre 

- Pues vete a comer a otro sitio. A mi no me piques. 

- Lo siento, pero nuestro organismo solo está preparado para alimentarnos en las cabezas de los demás seres vivos. Por cierto ¿Cómo te llamas? 

- Me llamo Arnau. ¿Y tu?

- ¿Yo? Yo no tengo nombre. Los piojos no tenemos nombre. Arnau, muchas gracias por hablar conmigo. Y perdona si te pico, pero lo necesito para vivir. 

    Así, entre picores y charlas pasaron aquella noche el piojo y Arnau. Por la mañana el niño no quiso decirle nada a su mamá, pues ya se había hecho amigo del piojo y le daba pena que se fuera de su cabeza.

    Después de desayunar, su mamá le acompañó al colegio, como todos los días. Cuando Arnau abrió la puerta de la clase, se llevó la gran sorpresa de ver que había muy pocos niños. 

    Allí, sentada en su mesa grande, estaba Jana, la profesora más buena que hay en el mundo. Ella estaba corrigiendo los dibujos que sus alumnos habían hecho el día anterior. Arnau le preguntó: 

- ¿Jana, qué pasa? ¿Por qué hay tan pocos niños en la escuela? 

- Se han ido a ver al mago Paco. 

- ¿Si? 

    Preguntó el niño, sin enterder nada. Jana le explicó: 

- Hay una epidemia de piojos y solo al mago Paco tiene la solución al problema. 

- ¿Solución? ¿Qué quiere decir solución? 

    La proferosa, muy pacientemente, tomó la barbilla del niño, le miró a los ojos y le explicó: 

- “Solución” quiere decir que si te pasa algo malo, pues gracias al mago Paco, ya no te pasa. 

-¿Y cómo lo hace? 

- El mago Paco tiene una pócima especial que hace que se vayan todos los piojos de la cabeza. 

- ¿Y a donde van? 

- A sus casas, con sus papás y mamás. Pobrecitos... Los piojos, se escapan de casa porque no tienen para comer. Cuando el mago Paco les da su ración, todos los piojos se vuelven contentos a Piojolandia, su país. 

- Yo quiero ir a ver al mago Paco. 

- Arnau ¿tienes piojos? 

- Si, solo uno y es mi amigo. Pero prefiero que se vaya a su país, porque no me deja dormir. 

   Cuando la mamá de Arnau le recogió de la escuela, Jana, les explicó que debía hacer para ir a ver al mago Paco. 

    Así que aquel mismo día, a las cinco de la tarde, al acabar la escuela, Arnau y su mamá se acercaron a la montaña que les había dicho la profesora. Llevaban una pequeña mochila con dos bocadillos y agua. Arnau había pintado aquella misma tarde un dibujo. Se lo pensaba regalar al mago Paco. 

    Arnau y su mamá comenzaron a subir la montaña. Debían darse prisa, porque el mago Paco, solo aparecía cuando el Sol estaba apunto de esconderse tras el horizonte. Arnau, que era un niño de solo seis años, subía con dificultad y se cansaba mucho. Pero cuando pensaba en su amigo el piojo, entonces tenía más ganas de subir. Pararon varias veces y se comieron los bocadillos. Y se acabaron el agua. Arnau a veces tenía ganas de llorar, pero era muy valiente y se aguantaba. Su mamá, que es la mejor mamá del mundo, de vez en cuando le tomaba en brazos, y entonces Arnau descansaba un poco. 

    Por fin, antes de las ocho de la tarde llegaron madre e hijo a la cima de la montaña. Entonces, el piojo, volvió a tener hambre y volvió a picar a Arnau. Allí esperaron pacientemente viendo como el Sol, poco a poco, iba bajando buscando la linea del horizonte. Mientras, Arnau se rascaba alguna que otra vez. 

    Cuando ya sólo quedaba un pequeño casquete de Sol por ocultarse, vieron al mago Paco como subía por un camino de la montaña. Llevaba una mochila en su espalda.

- ¡Hola! 

    La mamá le saludó: 

- ¡Hola mago Paco! Te estábamos esperando porque queríamos pedirte que nos hagas un favor. 

- Claro. Yo siempre ayudo a los niños y a sus amigos los piojos. 

    Entonces, el mago, sacó de su mochila un pequeño recipiente con un líquido y dijo: 

- Ven, Arnau. Te rociaré la cabeza con mi pócima especial. 

    Con mucho cuidado, el mago Paco, fue bañando la cabecita de Arnau con el agradable liquido. 

    Al poco tiempo, Arnau sintió a su amigo piojo hablar. 

- Ummmm. Qué buena está esta pócima. Gracias Arnau, por traerme a ver al mago Paco. Te dejo, amigo. Me voy con mi familia. Les explicaré donde está el mago Paco y le vendremos a visitar de vez en cuando. 

    Arnau, se puso a reir a carcajada limpia. Luego rodeó con sus bracitos al mago y le dió un fuerte beso en la mejilla. Entonces, sacó su dibujo de la mochila que llevaba su mamá y se lo regaló al mago Paco. 

    La mamá de Arnau le dio un cálido abrazo al mago. Luego le preguntó como se llamaba su pócima, para poder fabricarla ella cuando su hijito volviera a tener piojos. Entonces el mago Paco le dijo: 

- Sólo yo sé el secreto de su elaboración. Se necesitan ingrediente especiales y mágicos. A mi no me importará volver a ayudaros. Siempre que me necesitéis, aquí me encontrareis.

    Entonces el piojo volvió a hablar: 

- Adiós, Arnau. Gracias.

    Arnau le contestó: 

- Adios piojo. Que seas muy feliz con tu familia. 

    Arnau, sin acordarse que estaba muy cansado, comenzó a dar saltos y a corretear. Estaba muy contento porque ya no tenía picores y porque su amigo el piojo podría al fin, estar con su familia.