NO ES UNA DESPEDIDA.
Muchos años
cotizados, de los cuales poco más de cuarenta dedicados a la atención
sanitaria. Sacrifiqué mi carrera de maestra a cambio de la atención al paciente. He decir que, auque siempre me gustó la docencia, no hubiera cambiado mi trabajo por ningun otro; la ateción al paciente me gustó. Pero hay que dar paso a la juventud. Creo que he cumplido suficientemente con la sociedad y con el mundo laboral.

A todos los demás
muchas, muchas gracias. Gracias por haberme mostrado el mundo
sanitario, gracias porque cada uno de vosotros me habéis aportado
algo, o mucho, a nivel profesional y personal. Gracias por vuestros
consejos, y gracias por escuchar los míos. Gracias por esos momentos
de serenidad en que habeís abierto el corazon, desnudando vuestras
emociones ante mi. Sabéis todos cuánto me gusta escuchar historias.
Gracias por vuestra paciencia al enseñarme. Y gracias por creer en
mi. En defintiva, gracias por haber formado parte de mi historia.
Ahora ya habéis dejado definitivamene de ser compañeros
de trabajo. A partir de hoy mismo sois simple pero ámpliamente
amigos.
También agradezco enormemente a aquellos superiores que
creyeron en mi, dándome una segunda oportunidad a pesar de los malos
informes presentados por algunos (no) compañeros. Gracias a aquellos
responsables que han sabido entender mis momentos de angustia
personal o familiar y me facilitaron cambios de turno o dias
festivos. Gracias a esos jefes que han confiado en mi profesionalidad
y me han dejado actuar en libertad.
Me enorgullece poder
decir que he tenido la suerte de formar parte de un gran equipo con
plantilla de unas tres mil personas, y que he llegado a conocer casi
a una tercera parte de estas personas. Gracias, gracias por quererme
y gracias por dejaros querer.
Me atrevo a dar alguno
consejos, no en vano el paso de los años es lo mejor para el
asentamiento y el discernir. Ante todo os quiero decir que tengáis
en cuenta que prácticamente una tercera parte de nuestra vida
transcurre mientras prestamos nuestro esfuerzo y conocimiento a
cambio de un salario. Por ello es importantísimo que el ambiente de
trabajo sea cómodo y amigable.Ya que hay que ir a trabajar, hacedlo
con alegría y entusiasmo. No permitáis que la desgana arruine
vuestro día. No perdáis nunca de vista que vuestros compañeros no
son vuestros enemigos. Cada uno ha de desempeñar su labor desde su
puesto de trabajo, pero no os olvidéis que hay un objetivo común:
el paciente; que tampoco es el enemigo. Es la “materia prima” de
la industria de la salud, la parte esencial e indispensable de
vuestro trabajo. No seáis individualistas, ayudad a unos y otros en
la medida que la preparación profesional lo permita. No hagáis
competición entre vosotros y no uséis el despacho del jefe como si
fuera una sala de confesión, no está bien.
Pero tampoco os
dejéis aminorar por la empresa. Permaneced unidos, porque la unión
da la fuerza. Trabajad bien y mucho, sí, pero también exigid una
justa recompensa. Pedid lo vuestro sin vergüenzas ni miedos.
No quiero olvidar que
también he podido cometer errores, que quizá haya decepcionado a
alguien, o que incluso os haya molestado en alguna ocasión. Si es
así pido mi más sincera disculpa. Y tened en cuenta que, a bien
seguro, ha sido involuntariamente.
Ante todo mis queridos
antiguos compañeros tened presente que no me despido de ninguno de
vosotros. Nos veremos, o nos hablaremos, o nos escribiremos, pero no
me despido de vosotros porque cerca o lejos estaremos juntos. A mi me
encontraréis siempre que queráis, sabéis que soy muy accesible en
mis redes.
Me despido de mi
puesto de trabajo. De fines de semana durmiendo y trabajando. Me
despido de conducir casi dormida deseando llegar a casa. De cenas
interrumpidas mil veces por el timbre del paciente. Me despido del
salario pagado por mi empresa y me acojo al salario pagado por el
Estado. Me despido de pasar la mitad de la semana sin dormir con mi
marido y de rechazar invitaciones por tener que trabajar.
Pero de mis amigos,
vosotros, no hay depedida posible.