Cuando pasen los años, cuando la vida se obstine en no dejarme marchar, cuando los recuerdos abandonen mi mente, cuando se difuminen las caras de las personas que quiero, cuando las personas que me quieren dejen de necesitarme, cuando la sociedad me vea como un gasto y no como un beneficio, cuando se acerque ese momento en que todos tememos pero deseamos, entonces, entonces quisiera que lo último que me abandonara fuera la capacidad de construir palabras. La palabra, ese don que se nos ha otorgado a los seres humanos para poder comunicarnos, para poder expresarnos. Le pido a mi amigo, el destino, que no se me olvide jamás que con las letras a más eme más o más erre se construye la palabra amor. Le pido que la palabra sea lo último que me abandone, que mis manos puedan coger el lápiz hasta última hora, que mi boca sea lo último que se cierre. La palabra, la palabra que no me falte nunca. La palabra, que me muera con la palabra en la boca, y si puede ser diciendo PAZ, mejor.
lunes, 9 de octubre de 2017
martes, 26 de septiembre de 2017
19.LA MADRE DE TODOS LOS VIAJES
*Día 19
Hemos pasado la noche en Tokio, en un hotel cabina del mismo aeropuerto. Para Irene también ha sido
su primera vez. De verdad que es algo peculiar. En recepción te dan la
llave de la taquilla donde debes dejar las maletas, y una bolsa con
toallas, zapatillas, dentífrico y cepillo. Los hombres y las mujeres
tienen zonas separadas. Desde la recepción se pasa en primer lugar a la
zona de vestuario que es donde están las taquillas. Desde ahí se accede a
la zona de aseo (con duchas, lavabos, zona para acicalarse, secador...)
y los baños. El área siguiente es una sala con cabinas-dormitorio en
una sola parte, dejando un pasillo al otro lado de la habitación. Hay un
total de 60 camas dispuestas en tres pisos. A mí me ha tocado el de
abajo. Irene ha dormido en el piso del medio, justo encima mío. En
contra de lo que se pueda uno imaginar, las cabinas son suficientemente
anchas y altas como para no sentirse encerrado. Y son suficientemente
independientes, a pesar de compartir habitación, pues hay un buen
aislamiento entre si. Se duerme cómodamente; claro que los que me
conocéis sabéis que yo no necesito mucho requisito para dormir. Un fallo
que tienen las cabinas: no hay conector USB para cargar el móvil
durante la noche.
Curioso
es el camisón largo, gris, anudado con botones, de manga larga que nos
han dado en el pak de la bolsa. Todas las mujeres, jóvenes y mayores que
estábamos en el hotel-cabina íbamos vestidas uniformemente. No podía
dejar de pensar en películas futuristas donde las personas visten igual,
o en reclusas con sus impersonales uniformes.
La
idea era que hoy viajáramos durante el día, cosa que parece extraño
porque hemos viajado durante casi 14 horas, más el tiempo de embarque, y
no se ha puesto el sol hasta que ya estábamos en Barcelona. En
París hemos tenido dificultades con la conexión del vuelo. Pero al
final hemos volado hasta nuestra querida Barcelona, donde nos esperaban
nuestras parejas ¡Por fin en casa! Y con la satisfacción de haber visto
a mi "bebé", como yo llamo cariñosamente a mi hijo.
Siempre habrá un antes y un después de la MADRE DE TODOS LOS VIAJES.
18.LA MADRE DE TODOS LOS VIAJES
*Día 18
Llegó el fin de nuestra estancia en Australia. Poco que contar de un día de trajín de tren y avión hasta desembarcar en Tokio nuevamente.
Aprovecharé este último día en Brisbane para escribir algunas puntualidades:
.
Así como en Japón el dar propina se considera un insulto para el
trabajador, en Australia en un acto que agradecen. Se admiten propinas
igual que en España
.
He visto muchos eucaliptos. No entiendo de botánica, pero sí he
observado que los hay diferentes: altos y bajos, con muchas ramas o
pocas, estrechos o desparramados.
.
Curioso el último tramo del río Brisbane. El capricho de la Naturaleza
provocó hace muchísimos años que un substrato de basalto emergiera
formando una pared natural de contención del río.
. Las bebidas alcohólicas tan solo se pueden adquirir en tiendas específicas.
. Aquí hay un alto nivel de vida, donde un café vale 3€, pero donde la hora del salario mínimo sale a 12€.
.
Aquí, al igual que en Japón, no está bien visto saludarse con un
abrazo, menos con un beso (ni tan siquiera a los niños). Como mucho, un apretón de manos. Con un simple "Hola ¿Qué tal?" es
suficiente.
. En cualquier establecimiento de restauración sirven agua siempre gratuitamente, igual que en Japón.
.
Habitualmente no hay baños en los establecimientos públicos. Si
necesitas usarlos has de buscar uno público o usar el de un hotel.
.
Creo que Australia es un país joven, con ciudades jóvenes construidas
con mal proyecto urbanístico, habitadas especialmente por personas
jóvenes.
. Da la sensación de ser un país con gran proyección de futuro, con muchas ganas de crecer en múltiples sentidos.
17.LA MADRE DE TODOS LOS VIAJES
*Día 17
Hoy
hemos madrugado. Ha sido nuestro último día, y teníamos mucho por
hacer. Hemos desayunado un bagel (pan tipo rosco relleno a gusto de cada
uno) y un buen café gentileza de Cartel Coffee, donde trabaja Xavi.
Luego hemos ido a unas tiendas para las últimas compras.
Nuevamente vamos en coche. Esta vez hacia Byron Bay, a casi dos horas
al sur. Vienen Nuria y Albert con nosotros. Allí hay una playa muy
extensa y con mucha anchura de arena. Curioso me ha parecido lo prensada
que está la arena, en una playa muy llana, donde el agua tarda en
absorberse, produciendo un efecto espejo precioso. Hemos tenido la
suerte de disfrutar de un sol radiante. Interesante el faro de Byron
Bay, situado en la parte más oriental de Australia.
Luego "los niños" han querido ir a visitar @catmantoo, los famosos
gatos (dicen que los más inteligentes del mundo), que viven en
Coolangatta.
De vuelta a casa hemos parado a cenar en Gold Coast, otra ciudad llena de canales, llamada también Surfers Paradise.
Hasta
aquí lo bonito del día. Lo peor ha llegado cuando han comenzado las
despedidas. Primero, nuestra amiga Nuria. Luego mi trocito de mi alma:
Xavi. De Albert nos despediremos mañana. Él ha sido el primero en
encontrarnos y será el último en despedirnos.
16.LA MADRE DE TODOS LOS VIAJES
*Día 16
Hoy
Sábado Xavi solo ha trabajado por la mañana. Le hemos ido a buscar al
trabajo y luego hemos comido en un coreano. Xavi ha alquilado un coche
para hoy y mañana. Nos ha llevado a nosotras y a nuestra amiga a
Sunshine Coast al norte de Brisbane, a algo más de una hora de distancia
desde casa. A esta población le llaman la Venecia australiana por la
multitud de canales. Al poco de llegar nos ha anochecido. Aquí la noche
llega muy pronto, y amanece muy temprano. Aunque nuestra vista daba al
este y no se puede ver la puesta de sol, sí hemos visto un atardecer
precioso sobre el Océano Pacífico y un mar embravecido. Hemos paseado
por la playa de arena finísima, tan fina, tan blanca y tan limpia que me
recordaba a la harina tamizada.
Aquí también existen peajes en algunas carreteras. Pero curiosamente no
hay barreras. Una cédula sensora identifica la matrícula y te envía
una notificación a una aplicación que has de bajarte. Tienes unos días
para pagar el peaje. Si no lo haces te ponen una multa. Y por lo que he
oido, aquí las multas son caras.
15.LA MADRE DE TODOS LOS VIAJES
*Día 15
¡Vaya
nochecita! ¡Y eso que veníamos en clase preferente! No quiero ni pensar
como debe ser la económica. En Australia los trenes no han
evolucionado. La mayor parte del viaje la hemos hecho de noche. Ya no
podía observar el paisaje. A las 22h. apagaron las luces. Ya no podía
leer, ya no podía escribir. Me quedaba el recurso de escribir en el
celular, pero se me estaba agotando la batería. Así que solo podía ver
como corrían las sombras a través de mi gran ventanal, quedándome
dormida a ratitos. Irene y Xavi intentaban dormir en sus incómodos
asientos. Ellos tenían frío, no iban tan abrigados como yo. Xavi tomó la
opción de estirarse en el suelo, en el estrecho espacio que hay entre
los asientos suyos y los de delante. Irene se puso en posición fetal
aprovechando que Xavi había dejado su lugar libre.
Llegamos casi a las seis de la mañana a nuestros apartamentos. Nosotras
nos hemos ido a dormir. Xavi a su trabajo. Luego hemos quedado con él
para ir a comer a un burguer vegetariano. Ya no le hemos visto más en
todo el día, debía seguir trabajando, además tenía deberes del cole por
acabar.
Hemos estado toda la tarde con Nuria, la amiga de Irene que
está estudiando también aquí. Ella nos ha acompañado al ayuntamiento,
donde hay exposiciones gratuitas. Allí hemos subido a la torre de
altura de 10 pisos. Nos ha mostrado la primera calle que se construyó en
Brisbane, que en aquel entonces servía para separar las dos prisiones
que había. Según nos ha explicado ella, esta ciudad inició su
repoblación colonial con presos de pequeños delitos que al acabar su
condena les regalaban una porción de terreno.
Más tarde hemos hecho un recorrido por el río Brisbane. Hemos paseado,
ya de noche, por el jardín botánico. Nuria nos ha mostrado el pequeño
huerto ciudadano que cultivan los jardineros y que es para usufructo de
los ciudadanos. Cualquier persona puede coger una pieza de fruta o de
vegetal. Y todo el mundo respeta no llevándose la comida de la semana.
Hemos acabado cenando las tres en una zona de chiringuitos.
14.LA MADRE DE TODOS LOS VIAJES
*Día 14
Anoche
teníamos el vuelo desde Sídney a Brisbane cancelado por fuertes
vientos. En información del aeropuerto nos dijeron que esta mañana
podríamos viajar. Pero el viento seguía soplando en el continente
australiano, bueno, tan solo en el cielo entre la ciudad de partida y
la cuidad de llegada. Nos decían que quizá esta noche podríamos volar.
Por nosotras no había problema, pero Xavi ya ha perdido un día de
trabajo. Además, ¿quien asegura que Eolo dejará de soplar esta noche,
mañana o pasado? ¿Y si se demora el vuelo varios días?
La solución, tomar un tren. Cuánto menos, tenemos asegurado que Xavi
podrá trabajar mañana aunque haya dormido poco, mal, o poco y mal.
Hoy día los celulares ya forman parte de nuestro ser. Pues bien, en
Australia, en Sídney, en la cuidad más avanzada del país, más avanzada
de Oceanía, los trenes no disponen ni de enchufes USB para cargar las
baterías de los móviles, ni red wifi. Peor, por lo visto no hay antenas
repetidoras de internet en la mayoría del recorrido.
Ahora bien, viajar en tren implica ver paisajes, no nubes. Supone ver
árboles, animales, casas... ¡Incluso canguros salvajes! Me ha
sorprendido las edificaciones de los pueblos; me ha recordado a los
bungalós de cámpings. Son sencillas construcciones de madera. Las casas,
muy juntas, suelen estar construidas sobre columnas también de madera
dejando un primer piso sin construcción. Tengo entendido que es para
evitar inundaciones cuando se desborda el río.
Eso sí, el paisaje es algo sorprendente. No hay montañas. Hay
desniveles suaves y redondeados. El suelo parece estar enmoquetado de un
verde intenso. Hay algunos árboles con pocas hojas que se agrupan
formando pequeños bosques, generalmente algo distanciados entre si,
dejando ver claramente el verde tapiz.
Sensación extraña y agradable de ver el horizonte a través de los
árboles. Indescriptible ver el ocaso del Sol a través de las ramas medio
desnudas de los árboles, sabiendo a ciencia cierta que la estrella se
pierde tras miles de kilómetros, en el extremo opuesto de esta gran
isla.
Me ha llamado la atención la multitud de riachuelos con agua abundante
que corre mansa, tan mansa que es casi imperceptible el movimiento. En
algunas hondonadas de almacena agua en pequeñísimos lagos (o gran
charco). También he visto ríos inmensos donde barcos iban cauce arriba.
Desde mi ventana he visto varios grupos de vacas pastando en los
amplios campos verdes. Y he tenido el placer de ver una familia de
canguros salvajes. Han sido pocos segundos, porque el tren no se
detiene, pero me ha quedado grabado en mi retina: canguros pequeños,
medianos y grandes; unos quietos, otros caminaban como si no supieran
muy bien hacia donde; y uno, el más grande, comenzó a saltar en
dirección norte, buscando uno de los pequeños bosques que he descrito, y
abandonado un pequeño lago. No olvidaré la instantánea de los canguros
como tampoco olvidaré el color del cielo tras los escasos árboles cuando
el sol se despedía.
Toda esta maravilla me ha durado menos de tres horas, pues la noche ha llegado. Tras las ventanas tan solo se ha podido ver el reflejo del interior del tren.
Soy
consciente que este post es sumamente largo, pero he tenido que
sustituir con las palabras lo que la cámara no ha podido retratar.
13.LA MADRE DE TODOS LOS VIAJES

*Día 13
Esta mañana hemos hecho un largo paseo de ocho kilómetros siguiendo la
costa desde Bondi Beach hasta Googee Beach, playas y calas que me
recordaban en todo momento, unas a la Costa Brava y otras a la Costa
Dorada. Hemos pasado entre plantas y mar, incluso por un bonito
cementerio, lleno de lápidas y signos mortuorios blancos. Me ha
impresionado verlo, ahí frente al mar y bajo un sol imponente.
Desconozco si el Océano Pacífico en tiempos remotos llegaba hasta más
adentro de tierra, pero las rocas que serpentean todo el camino están
llenas de signos de desgaste marino, formando unos dibujos de ondas y
calados preciosos. Nos hemos cansado bastante pero ha valido la pena.
Hemos comido en el Queen Victoria Building y hemos aprovechado para hacer unas compras en ese mismo complejo comercial.
Todavía ha habido un poco de tiempo para descansar en nuestro
apartamento antes de tomar el camino hacia el aeropuerto.
Había de ser
nuestro último día en Sídney, pero nos han cancelado el vuelo. Parece
ser que se esperan fuertes vientos y han suspendido todos los vuelos que
van hacia el norte. Así, que tras llegar al aeropuerto a media tarde,
hemos tenido que buscar un hotel cercano para pasar la noche.
12.LA MADRE DE TODOS LOS VIAJES
*Día 12
Nuevo
día intenso, de ver, aprender y disfrutar. Para empezar he descubierto
un pastel típico de Australia; se llama Banana Bread. Está realmente
bueno.
Hemos bajado hasta la zona del Bennelong Point en un metro de dos
pisos, y allí hemos visitado el Royal Botánico Garden. Una gua-gua nos
ha llevado cómodamente por todo el recorrido. Al lado del jardín
botánico está el emblemático edificio Opera Garden Sídney. He tenido una
suerte impresionante, pues tan solo hay dos días a la semana donde el
guía habla español, y tan solo se hace una vez al día. Allí hemos
estado: ¡martes a la tres de la tarde!
El guía, con su acento sudamericano con deje australiano ha sabido
sumergirnos en los interiores, acaparando la atención de todos los
hispanos hablantes que estábamos allí. Nos ha explicado que se comenzó a
construir en 1959, pero que se inauguró en 1973. La construcción duró
14 años porque la obra estuvo paralizada por cuestiones
político-económicas durante unos años. El proyecto inicial fue
del arquitecto Jorn Utzon, de Dinamarca. Tuvo que marchar del país en
1966 sin ver su obra acabada, cosa que hizo un nuevo equipo de
arquitectos. Pero a partir de 1999, cuando ya tenía ochenta años de edad
fue reconocido nuevamente y contratado para la remodelación definitiva
que tiene ahora el edificio. Utzon no pudo volver a Australia debido a
su edad, pero pudo acabar la obra arquitectónica más emblemática del
siglo XX y Patrimonio de la Humanidad desde 2007.
A mí me hacía ilusión dar un paseo por el puerto en barco. Hemos
descubierto que aquí los ferris hacen función de autobús, así que hemos
tomado uno hasta la zona de Darling Harbour, donde nos hemos divertido
en su peculiar parque.
Desde ahí hemos regresado a casa andando, pero haciendo antes una parada en un restaurate español para cenar.
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